Las constituciones nacionales y el nuevo Orden Mundial

Zapatero y Rajoy pactan imponer un tope constitucional al déficit público

El pasado 16 de agosto, Alemania y Francia propusieron incluir en las Constituciones de los 17 países de la zona euro una "regla de oro" de equilibrio presupuestario antes del verano que viene. Un compromiso de disciplina fiscal que ya está recogido en la Carta Magna germana y que Nicolas Sarkozy va a someter a votación en el Parlamento francés en otoño.

El Gobierno hasta ahora se había mantenido reacio a modificar la Constitución para incluir una regla de gasto. La propia vicepresidenta de asuntos Económicos, Elena Salgado, sostuvo que la ley de Estabilidad Presupuestaria bastaba para garantizar el límite del déficit y recordó que en septiembre las comunidades autónomas deberán aprobar su propio techo de gasto, tal y como se acordó en el último Consejo de Política Fiscal y Financiera del 27 de junio. Ahora Zapatero parece haber cambiado de opinión. Y Mariano Rajoy, el líder de la oposición, que aprovecha para contrariar al presidente en lo más mínimo apoyará la medida encanctado.

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Nota dezpierta: Desde mi humilde punto de vista, son las constituciones nacionales un obstáculo para la implantación de un gobierno totalitario mundial. En primer lugar porque estas constituciones están fundamentadas en la idea de estados soberanos y autogestionados, que no tienen por qué rendir cuentas a otra entidad o país. Cualquier normativa unitaria o globalista podría enfrentarse directamente con alguno de los puntos de alguna constitución de algún país y esto provocaría la nulidad, en ese país, de la norma generalista propuesta.

Es por esta cuestión que se está poniendo de moda introducir cambios constitucionales, sin referendum alguno, para que las leyes y normas constitucionales puedan se cambiadas cuando supongan un estorbo para los planes de un gobierno mundial totalitario.

Y no es que sea malo que el gobierno español proponga un techo de gasto para evitar el endeudamiento salvaje en el que nos encontramos, todo lo contrario. Me parece una medida que debía haber sido tomada hace mucho tiempo.

Pero estamos hablando de la posibilidad de realizar cambios en la Constitución y, por tanto, en la organización del Estado, la base de la democracia. Unos cambios que, en cualquier caso, requieren de la aceptación de los mismos por la inmensa mayoría de los españoles.

El texto constitucional contempla, en su último título, el Décimo, la posibilidad de ser variado. Eso sí, los proyectos de reforma de la Constitución deberán ser aprobados por mayoría en el Congreso y el Senado y ratificados, en referémdum, por los españoles. El consenso vuelve a ser la clave de la transformación, buscándose así el mantenimiento de la paz social y el alejamiento de cualquier posibilidad de enfrentamiento entre españoles.

Apostaría que este cambio en la constitución no será sometido a referendum, total... ¿para que molestar al pueblo con cosas sin importancia?

Que Dios os bendiga.

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